Bitácora

Quisiera explorar tantas filosofías y metodologías de trabajo con los niños, cada curso se presenta diferente y lo que sirvió un curso no vale para el siguiente. Supongo que tiene que ver con los diferentes lenguajes expresivos, la cultura o las generaciones que son cambiantes. Pero lo que no cambia es la alegría, siempre presente en cada pequeño acto cotidiano del día en el aula. Esta alegría debe ser una parte significativa de nuestro hacer pedagógico y mostrarse en nuestras experiencias diarias, para mí es como un termómetro, si no nos sentimos contentos juntos en clase algo no va bien.

Los días más nublados se llenan de un “hacer", en un hacer bien o mal, lleno de contenidos, un hacer sin errores (siempre con la goma en la mano), en hacer con esfuerzo para todos porque es lo que hay que hacer….Y me olvido de que no me estoy comunicando bien,
se trata de una sensación de ser uno con ellos, tratar de aprender juntos y de escuchar de verdad, reflexionando desde las preguntas que juntos formulamos.¿Consideramos el verdadero deseo de aprender? ¿De dónde proviene esa voz?

Pensamientos y contenidos están en la cabeza de cada docente pero se nos olvida quizás que hay tiempo para todo.  Cuando es un placer permitirles crecer y experimentar como expresar libremente aquellos procesos de aprendizaje traídos al aula, es solo entonces cuando surge una magia espectacular; el proceso en evolución. He de ser sincera, a veces pierdo esta mirada, me envuelve algo más grande y me absorbe y es entonces cuando dejo de sonreír y siento que la educación pesa mucho...

Creo que cuando se trabaja con los niños siempre hay que practicar un cierto sentido de abandono, un dejarse llevar, aceptando un ritmo diferente o varios dentro del grupo y aprender a bailar y cantar nuevamente cada curso de forma diferente, por supuesto
que desde un sentido de equilibrio pero permitiendo tiempos diferentes, los de cada uno para que juntos podamos crear una partitura única.




Juegos lingüísticos y representados por los niños de ed. infantil


De la Habana ha venido un barco


De mi ventana huye el barco
venido ayer de La Habana.
¡Saltemos del lecho al barco,
lucero de la mañana!

A pasar por tu azotea,
me echarás una naranja
y un zapatito de oro,
lleno de almendras y agua.

¡A las Antillas me voy
por unas mares de menta
amarga!

R. Alberti






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