¿Puede ser la escuela un lugar para aprender de la vida o sobre ella?


Quizás sea la escuela el lugar idóneo para explorar; más aún, para jugar, porque las experiencias que el juego o la exploración generan podrían parecerse a los acontecimientos que nos depara la vida misma, dando lugar al juego simbólico. Somos seres simbólicos, se trata de un proceso que empieza en la infancia. También es un instrumento necesario para los procesos de aprendizaje, por ello se incluye en las aulas el trabajo en rincones, por ejemplo, como una estrategia pedagógica que persigue el desarrollo de distintos aprendizajes del niño en función de sus necesidades. Estos rincones actúan asimismo como catarsis del mundo afectivo del niño. La gran riqueza del juego simbólico, entre otros aspectos a valorar, nos ayuda a apropiarnos de las metáforas de la vida y transformarlas. Además de conocer el mundo que nos rodea, mediante la creatividad nos adaptamos mejor a los cambios que se derivan de la vida, desarrollando competencias y actitudes para comprender mejor dichos cambios. 





Gateando entre sabores y colores, ¿porqué no?


Recuerdo a mi madre diciendo con la comida no se juega....pero esta invitación a probar con el cuerpo era inevitable. Solo el olor del limón nos brindaba la conjunción perfecta entre lo que puede pasar y lo que no. Un mantel y un hermoso paseo por diferentes sabores y texturas dispuestas de forma creatividad y placentera. Porqué la comida lo es, y todo alrededor de ella puede serlo también. Sus conversaciones, las risas compartidas junto con la exploración de sabores nos envuelven brindando un recuerdo maravilloso. Y por tanto crea una base importante para crear buenas relaciones con los alimentos y nuestras actitudes con lo que comemos.  

Esta instalación es ofrecida por los maestros y maestras de la Escuela Infantil de Fomento. Una idea maravillosa, estética y de juego como llena de color y de cítricos que alimentan el espíritu. 

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